hacia los valores ortodoxos

En ocasión de la fiesta de San Juan Maximovich patrón de nuestro blog

Vida de San Juan de Shanghai y San Francisco.

La Santidad no es solo una virtud. Es un logro de tal altura espiritual, que la abundancia de la Gracia de Dios que llena al Santo desborda en quienes se asocian con él. Grande es el estado de bienaventuranza del Santo en el cual ellos moran contemplando la Gloria de Dios. Siendo llenos de amor por Dios y por el hombre, son responsables de las necesidades del hombre intercediendo ante Dios y ayudando a aquellos que se dirigen a ellos.”

Caracterizando con tales palabras a los antiguos santos, Vladika Juan simultáneamente resumió su propia actitud espiritual que lo convirtió en uno de los más grandes Santos de nuestro tiempo.

Infancia

El Arzobispo Juan nació el 4 de junio de 1896 en el pueblo de Adamovka en la provincia de Kharkov en Rusia meridional. Era miembro de la familia noble Maximovich de la Pequeña Rusia; a la cual también perteneció San Juan de Tobolsk. Recibió el nombre Miguel en el Bautismo, siendo su protector celestial el Arcángel Miguel. Él era un niño enfermizo y de poco comer.

Recibió su educación secundaria en la Escuela Militar de Poltava, a la cual acudió desde 1907 a 1914. Luego de completarla ingresó en la Universidad Imperial de Kharkov en la Facultad de Leyes, de la que se graduó en 1918, antes de que los soviéticos se apoderasen de ella.’

Kharkov, donde Vladika pasó sus años formativos, fue una verdadera ciudad de la Santa Rusia, y el joven Miguel, influenciable a las revelaciones de santidad, adquirió allí el modelo de su vida futura. Había dos Iconos milagrosos de la Madre de Dios, de Oseryanskaya y Eletskaya, las cuales eran llevadas en procesión religiosa dos veces al año desde los monasterios donde eran atesorados hacia la Catedral de la Dormición. En el monasterio de la Protección, en una gruta debajo del Altar, yacen los restos del santo Arzob. Melety Leontovich, quién luego de su muerte en 1841 devolvió ayuda milagrosa a quienes oficiaron funeral por él ante su ataúd.

Aun durante su vida el Arzobispo era venerado por su severo ascetismo, especialmente su proeza ascética de la abstinencia a dormir.

Era conocido por permanecer noches enteras parado e inmóvil, con las manos en alto, en profunda oración. Él previó la hora y el día de su muerte. Se sabía que el joven Maxímovich tenía veneración por éste santo jerarca.

Hoy el Arzob. Juan puede ser visto como una semejanza del santo hombre de Kharkov en al menos 3 aspectos: era conocido por no haber dormido en una cama por 40 años; supo de antemano su muerte y antes de su glorificación en 1994 sus reliquias descansaban debajo de una catedral en una gruta especial donde funerales eran cantados casi diariamente y el salterio leído ante su tumba por aquellos que pedían su ayuda. Este es un único caso de trasplante, como si fuera, de una parte de la Santa Rusia a la América contemporánea.

Mientras en la Universidad de la Kharkov, aunque Vladika pasaba más tiempo leyendo la vida de los santos que atendiendo las clases, era un excelente estudiante. Evidentemente su imitación de los santos era evidente aun a esa edad desde ya que el Arzob. Antonio de Kharkov, una de las grandes figuras de la Iglesia de ese tiempo (luego más tarde Metropolitano Antony Hrapovitsky, el primer jefe jerarca y fundador de la Iglesia Rusa en el Exilio), realizó un trabajo especial para conectarse con él y luego mantuvo al joven cerca suyo y guió su formación espiritual.

Belgrado

En 1921, durante la guerra civil rusa, Vladika, junto con sus padres, sus hermanos y hermanas fueron evacuados a Belgrado, donde él y sus hermanos entraron a la Universidad de Belgrado. Un hermano se graduó en la facultad técnica y fue ingeniero, el otro se graduó en leyes y sirvió a la policía yugoslava. Vladika se graduó en 1925 en teología. Mientras era estudiante trabajó vendiendo periódicos para vivir.

En 1924 Vladika fue ordenado lector en la Iglesia rusa de Belgrado por Metropolitano Antony, quien continuó ejerciendo gran influencia sobre él; y Vladika a su vez mostraba sumo respeto y devoción hacia su superior. En 1926 el Metropolitano Antony lo tonsuró monje y lo ordenó hierodiácono en el monasterio Milkor, dándole el nombre Juan por su pariente lejano, San Juan (Maximovich) de Tobolsk. El 21 de noviembre del mismo año fue ordenado hieromonje.

La ciudad de Bitol estaba en la diócesis de Okhrida. En ese tiempo el obispo a cargo de esa diócesis era Nicolás Velmirovich – un notable predicador, poeta, escritor y miembro del movimiento religioso popular. Él, tanto como el Metrop. Antony, valoraba y estimaba al joven hieromonje Juan, y él mismo ejercía una influencia beneficiosa sobre él. Mas de una vez se oyó decir: “Si deseas ver a un santo en vida, ve a Vitol al Padre Juan.”

Mientras, verdaderamente, comenzó a hacerse evidente que este era enteramente un hombre extraordinario. Fueron sus propios alumnos quienes descubrieron primero lo que fue quizás la mayor proeza de ascetismo de Vladika. Ellos al principio notaron que él se quedaba levantado largo tiempo después que todos los demás se fueron a la cama; él iba por los dormitorios a la noche y levantaba las mantas que habían caído y cubría a los confiados durmientes, signándolos con la Señal de la Cruz. Finalmente descubrieron que él apenas se dormía, y nunca en una cama, concediéndose a sí mismo solo una hora o dos por noche de incómodo descanso en forma sentada o encorvado sobre el piso rezando ante íconos. Años después él mismo admitió que desde el momento de tomar los votos monásticos él no durmió yaciendo en una cama. Tal práctica ascética es muy rara y aun desconocida en la tradición ortodoxa.

El Arzob. Averby del monasterio de la Stísima. Trinidad en Jordanville, entonces un joven hieromonje en Carpatho – Rusia atestiguó la profunda impresión que el hieromonje Juan provocó en los estudiantes seminaristas. Cuando ellos regresaron a sus casas en vacaciones ellos hablaban de su extraordinario instructor que oraba constantemente, servía la Divina Liturgia o al menos recibía la Santa Comunión cada día, ayunaba estrictamente, nunca dormía acostado y con verdadero amor paternal los inspiraba con los altos ideales de Cristiandad y de la Santa Rusia.

En 1934 decidieron elevar al Hieromonje Juan al rango de obispo.

Para Vladika nada estaba más alejado de su mente. Una mujer que lo conoció relata cómo lo encontró en ese momento en un tranvía en Belgrado. Él le dijo que estaba por error en la ciudad, que había sido enviado en lugar de otro Hieromonje Juan que sería consagrado obispo. Cuando ella lo vio al día siguiente él le informó que la situación era peor de lo que había pensado: era a él quien ellos deseaban hacerlo obispo! Cuando él protestó que eso estaba fuera de la cuestión, ya que él tenía un defecto en el habla y no podía pronunciar claramente le dijeron que el Profeta Moisés tenía la misma dificultad.

La consagración ocurrió el 28 de mayo de 1934. Vladika fue el Altsmo. Obispo de los muchos consagrados por el Metropolitano Antony y la extraordinaria alta estima que aquel venerable jerarca tenía por el nuevo obispo es indicada en una carta que él envió al Arzob. Demetrio en el lejano Este. El mismo declinando una invitación de retirarse a China escribió: “Querido amigo! Estoy muy viejo e imposibilitado para viajar….. Pero en mi lugar, como mi alma, como mi corazón, le envío el obispo Juan. Este pequeño y frágil hombre, que parece casi un niño, es en realidad un milagro de firmeza ascética y austeridad en nuestro tiempo de total debilidad espiritual.” Vladika fue asignado a la Diócesis de Shanghai, China.

Shanghai

Vladika arribó a Shanghai a fines de noviembre, en la Fiesta de la Entrada de la Madre de Dios al Templo, y encontró una enorme catedral incompleta y un conflicto jurisdiccional para resolver. Lo primero que hizo fue restaurar la unión de la Iglesia. Estableció contacto con los serbios, griegos y ucranianos. Prestó especial atención en la educación religiosa y convirtió en regla estar presente en los exámenes orales de las clases de catecismo en todas las escuelas ortodoxas en Shanghai. Se volvió protector de varias sociedades caritativas y filantrópicas y participó activamente en sus trabajos; especialmente después de ver las circunstancias de necesidad en la que en la mayoría de su rebaño, refugiados de la Unión Soviética; estaban establecidos. Nunca fue de visita tomar té con los ricos, pero fue visto donde era necesitado, despreocupado por la hora o el tiempo. Organizó un hogar para huérfanos y los niños de padres necesitados, encomendándolo a ala protección celestial de un Santo que él altamente veneraba, San Tijon de Zadonsk, quien amaba a los niños. El mismo Vladika recogió niños enfermos y hambrientos en las calles y oscuros callejones de Shanghai. Comenzando con 8 niños, el orfanato mas tarde albergó arriba de 400 niños de una vez y 1500 en total. Cuando los comunistas vinieron, Vladika evacuó todo el orfanato, primero a una isla en las Filipinas y luego hacia América.

Pronto se volvió patente para su nuevo rebaño que Vladika era un gran asceta. El centro de ascetismo era la oración y el ayuno.

Comía una sola vez al día a las 11 de la noche. Durante la primera y última semana de cuaresma no comía nada, y en el resto de ellos y en el ayuno de Navidad solo comía pan del Altar (prósfora). Sus noches las pasaba usualmente en oración, y cuando finalmente quedaba exhausto ponía su cabeza en el suelo y le robaba un par de horas al sueño cerca del alba.

Cuando llegaba la hora de oficiar los Matutinos, alguien golpeaba la puerta, al no tener respuesta, abrían la puerta y encontraban Vladika encorvado en el suelo en el rincón de los íconos, vencido por el sueño. Ante una palmada en el hombro él saltaba y en pocos minutos estaba en la iglesia – agua fría goteando debajo de su barba, pero bastante despierto.

Vladika oficiaba en la catedral cada mañana y tarde, incluso estando enfermo. Celebraba la Sagrada Liturgia diariamente, tal como lo haría el resto de su vida, y si por alguna razón él no podía oficiar, igualmente recibía la Sagrada Comunión. No importaba donde estaba, él no perdía ningún oficio. Una vez, de acuerdo a un testigo, “la pierna de Vladika estaba terriblemente hinchada y el concilio de doctores temiendo una gangrena, prescribió una hospitalización inmediata, a la cual Vladika se rehusó categóricamente. Luego los doctores rusos informaron al Consejo Parroquial que no se hacían cargo de la responsabilidad de la salud e incluso de la vida del paciente. Los miembros del Consejo Parroquial luego de largos alegatos de misericordia y amenazas de tomarlo por la fuerza, obligaron a Vladika a acceder, y él fue enviado al Hospital Ruso en la mañana del día anterior a la Fiesta de la Exaltación de la Santa Cruz. Sin embargo, a las seis de la tarde, Vladika llegó rengueando a la catedral y ofició. En un día todo la hinchazón se fue.”

La constante atención de Vladika a la propia mortificación tenía su raíz en el temor de Dios, la cual él poseía en la tradición en la Iglesia antigua y en la Santa Rusia. El siguiente incidente, contado por O. Skopichenko y confirmado por muchos de Shanghai, ilustra bien su osadía, firme fe en Cristo. “La Sra. Menshikova fue mordida por un perro rabioso. Las inyecciones contra la rabia ella las rechazó o no las tomó con cuidado… y luego se contagió de esa terrible enfermedad. El obispo Juan se enteró y vino a lo de la mujer moribunda. Le dio la Sagrada Comunión, pero justo comenzó a tener un ataque de esta enfermedad, a espumar por la boca en ese momento escupió los Santos Dones que recién había recibido. Los Santos Sacramentos no pueden tirarse. Vladika los levantó y puso en su boca los Santos Dones vomitados por la mujer. Aquellos que estaban con él exclamaron ¡Vladika qué está haciendo! ¡La rabia es terriblemente contagiosa! Pero Vladika contestó pacíficamente: Nada sucederá, éstos Son los Santos Dones. Y efectivamente nada ocurrió.”

Ahora se sabe que Vladika no solo era un hombre recto y asceta sino que estaba tan cerca de Dios que él estaba dotado del don de clarividencia y que hubo curaciones por medio de sus plegarias.

Un extraordinario relato contado por la testigo Lidia Liu, testifica la altura espiritual de Vladika. “llegó a Hong Kong 2 veces. Es extraño, pero yo, no conociéndolo, le escribí una carta pidiendo ayuda parta una viuda con niños, también lo consulté por un tema personal, pero nunca recibí respuesta. Pasó un año y Vladika vino a Hong Kong y yo estaba entre una multitud que fue a recibirlo a la iglesia Vladika se volvió hacia mí y dijo: “¡Es usted quien me escribió la carta!” Yo estaba asombrada, ya que él nunca me había visto anteriormente.

“Un moleben fue oficiado, después del cual Vladika parado ante un atril, dio un sermón.

Yo estaba parada al lado de mi madre, y ambas vimos una luz circundando a Vladika bajando hacia el atril – era una radiación de un pie de ancho. Esto duró un largo tiempo. Cuando el sermón terminó, yo tocada por tal fenómeno inusual, le conté lo que vimos a un amigo quien nos respondió: “Si, muchos feligreses lo vieron.” Mi marido, quien estaba parado un poco alejado también vio esa luz.

Un evento similar ocurrió en 1939, cuando cierto feligrés comenzó a perder su fe debido varias tribulaciones las cuales le sucedieron a ella. Una vez entrando a la iglesia durante un servicio de Vladika, fue testigo durante la conversión de los Santos Sacramentos, del descenso de una pequeña llama en forma de tulipa dentro del Cáliz. Luego de este milagro su fe retornó, y ella comenzó arrepentirse de su falta de coraje. Vladika visitaba prisioneros y celebraba la Sagrada Liturgia para los convictos. En una ocasión en Shanghai, Vladika Juan fue requerido para dar la Comunión a un moribundo en el hospital ruso. Esta vez él tomó consigo a otro sacerdote. A su arribo él señaló a un joven hombre gregario de 20 años, tocando la armónica. Este muchacho sería liberado al día siguiente. Vladika Juan lo llamó y le dijo: “Quiero darte la Comunión ahora mismo.” El joven inmediatamente confesó sus pecados y recibió la Comunión. El sacerdote atónito le preguntó a Vladika por que no fue al que estaba muriéndose y se detuvo con un joven obviamente sano. Vladika respondió: “Él morirá esta noche, y el otro quien está seriamente enfermo; vivirá muchos años.” Todo ocurrió tal como lo adelantó.

Vladika amaba visitar a los enfermos y lo hizo cada día, escuchando confesiones y dando la Santa Comunión. Si la condición de un paciente era crítica, Vladika lo visitaba a cualquier hora del día o de la noche para rezar al lado de su cama. Aquí hay un milagro indudable entre los muchos realizados por las oraciones de Vladika; que fue registrado en los archivos del Hospital del condado de Shanghai.

E.D. Sadkovskaya era muy prendida al deporte de carreras de caballos. Una vez ella fue lanzada de su caballo, se golpeó la cabeza contra una roca y perdió la conciencia. Fue traída al hospital inconsciente. Un consejo de doctores reconoció que su condición no tenía esperanzas y era improbable que viviera hasta mañana. El pulso se había casi ido; el cráneo estaba fracturado en pedazos tal que pequeñas piezas del cráneo estaban presionando el cerebro. En esta condición podía morir en la mesa de operaciones. Incluso si su corazón toleraba la cirugía y el resultado era satisfactorio, ella quedaría sorda, muda y ciega.

Su hermana, luego de oír todo esto, corrió desesperada a lo del obispo Juan y le rogó que salvara a su hermana. Vladika accedió. Él fue al hospital y le pidió a todos que abandonen la habitación y rezó por alrededor de dos horas. Luego llamó al doctor a cargo y le pidió que la examinara otra vez. ¡Que sorprendido estaba al descubrir que el pulso era normal! Él accedió a realizar la operación inmediatamente, pero solo con la presencia del Obispo Juan. La operación fue satisfactoria, y los doctores quedaron asombrados cuando, luego de la operación, la paciente recuperó la conciencia y pidió de beber. Pronto fue dada de alta del hospital y vivió por muchos años una vida normal.

Vladika también visitaba la prisión y celebraba la Sagrada Liturgia en una pequeña mesa primitiva. Pero la tarea más difícil para un pastor es visitar a los enfermos mentales y a los poseídos – y Vladika agudamente distinguía entre ambos. Fuera de Shanghai había un hospital para enfermos mentales, y Vladika solo tenía el poder espiritual para visitar a esta gente terriblemente enferma. Él les daba la Santa Comunión, y ellos, sorprendentemente, la recibían pacíficamente y lo escuchaban. Ellos siempre esperaban sus visitas y lo recibían con alegría.

Vladika poseía gran coraje. Durante la ocupación japonesa las autoridades de ese país trataron por todos los medios posibles de doblegar la colonia Rusa a su voluntad. La presión era dirigida directamente a las cabezas del Comité de Emigrantes Rusos. Dos presidentes de este Comité se esforzaron por mantener su independencia y como resultado ambos fueron asesinados. Confusión y terror se apoderaron de la colonia rusa, y en ese momento Vladika Juan, a pesar de las advertencias de los rusos que colaboraban con los japoneses, se declaró la cabeza temporaria de la Colonia Rusa.

Durante la ocupación japonesa era extremadamente peligroso caminar en las calles por la noche, y la mayoría de la gente de tenía la precaución de estar en su hogar al oscurecer. Vladika, sin embargo, no prestando atención al peligro, continuó visitando a los enfermos y necesitados a cualquier hora de la noche, y jamás fue tocado.

En Shanghai, una maestra vocal, Anna Petrovna Lushnikova, le enseñó a Vladika el método apropiado de respiración y pronunciación de las palabra, así lo ayudó a mejorar su dicción. Al final de cada lección Vladika le pagaba US $20. En 1945, durante la guerra, ella fue gravemente herida y le aconteció estar en un hospital Francés. En una noche muy tormentosa, sintiendo que ella podría morir, Anna Petrovna comenzó a pedir a las enfermeras que llamaran a Vladika Juan, quien estaba en Francia, así él podría darle la Comunión. Las enfermeras se negaron ya que el hospital era cerrado durante la noche debido a las condiciones del tiempo de guerra. Anna Petrovna estaba al final de su propio control y siguió llamando a Vladika. De pronto, alrededor de las 11 de la noche, Vladika apareció en la guardia. Sin poder creer lo que veía, Anna Petrovna le preguntó a la Vladika, si eso era un sueño o él realmente había venido. Vladika sonrió, rezó y le administró la Comunión.

Luego de esto ella se calmó y se durmió. A la mañana siguiente se sintió curada. Nadie le creyó a Anna que Vladika la visitó esa noche ya que el hospital estuvo estrechamente asegurado. Sin embargo, su vecina de guardia verificó el hecho que ella también vio a Vladika. La gran sorpresa fue que debajo de la almohada de Anna se encontró un billete de US $20. Así Vladika dejó una evidencia material de su visita.

Un antiguo monaguillo de Shanghai y actual Archipreste Jorge Larin relata: “A pesar de la severidad de Vladika, todos los monaguillos lo amaban mucho. Para mí era un ideal a quién yo anhelaba emular en toda forma. Así, durante la Cuaresma, dejé de dormir en la cama y a hacerlo en el suelo, dejé de comer las comidas usuales con la familia, pero tomaba parte de pan y agua en soledad… Mis padres se preocuparon y me llevaron a Vladika. Escuchándolos el prelado le pidió al guarda que fuera al almacén y trajera una salchicha. Hacía mis clamores llorosos por el hecho de que no quería romper la Cuaresma, el sabio prelado me amonestó a comer la salchicha y a recordar siempre que la obediencia a los padres es más importante que los complementos personales. ¿Cómo podré seguir Vladika? Le pregunté deseando que, aunque sea, aplicara en grado especial a su persona – “Ve a la Iglesia como siempre hiciste, y en casa haz lo que tu madre y padre pidan.” Recuerdo cuan afligido estaba entonces cuando Vladika no me asignó un acto especial.

Con la llegada del comunismo, los Rusos en China fueron forzados una vez más a escapar, muchos de ellos a través de las Islas Filipinas. En 1949 aproximadamente 5000 refugiados de China estaban viviendo en un campo de la Organización Internacional de Refugiados en la isla de Tubabao en las Filipinas. La isla esta localizada en el paso de los tifones estacionales que arrebatan esa parte del Pacífico. Durante el período de 27 meses de la ocupación del campo, la isla fue amenazada por el tifón, y cambió su curso y bordeó la isla. Cuando un Ruso les mencionó el miedo a los filipinos, ellos respondieron que no había razón para preocuparse, porque “su hombre santo bendice su campo desde las 4 direcciones todas las noches.” Ellos se referían a Vladika Juan, por lo que ningún tifón golpeó la isla mientras él estuvo allí. Luego de que el campo fue casi totalmente evacuado y la gente restablecida en otro lugar (la mayoría en Estados Unidos y Australia) fue azotada por un terrible tifón que destruyó el campo totalmente.

París

El mismo Vladika fue a Washington, D.C para traer a su gente a América. La legislación cambió y casi toda la gente del campo vino al Nuevo Mundo – gracias otra vez a Vladika. El éxodo de su rebaño desde China, le otorgó al Arzobispo Juan en 1951 una nueva diócesis por su empeño pastoral: fue enviado por el Sínodo de Obispos a la Archidiócesis de Europa Occidental, con su sede primero en París y luego en Bruselas. El ahora era uno de los principales jerarcas de la Iglesia Rusa, y su servicio era frecuentemente requerido en las sesiones del Sínodo de Nueva York.

En Europa Occidental Vladika tomó un profundo interés no solo en los rusos en la diáspora, por quienes él ejerció sin cansancio trabajos similares a aquellos por los cuales él fue conocido en Shanghai, sino también en los habitantes locales. Recibió bajo su jurisdicción las Iglesias Ortodoxas Francesa y Alemana locales; protegiéndolas y alentando su desenvolvimiento Ortodoxo. Celebraba la Sagrada Liturgia en alemán y francés, como anteriormente lo había hecho en griego y chino, y como posteriormente lo haría en inglés.

El interés y devoción de Vladika por los Santos de la Iglesia, de quienes su conocimiento ya era aparentemente ilimitado fue extendido ahora a los santos europeos occidentales que databan desde tiempos anteriores al cisma de la Iglesia Latina, muchos de los cuales eran venerados sólo localmente, fueron incluidos en el calendario de Santos no Ortodoxos. Él colectó sus vidas e imágenes y luego refirió una larga lista de ellos al Sínodo.

De este período de la presencia de Vladika en Europa Occidental, la Sra. E.G.Chertkova reminiscencia: “En varias ocasiones yo visité a Vladika cuando él vivía en el edificio del Cuerpo de Cadetes cerca de París. Él tenía una pequeña celda en el piso superior. En la celda había una mesa, un sillón y varias sillas, y en el rincón íconos y un atril con libros. No había cama allí ya que Vladika no yacía para dormir, sino rezaba apoyado en un alto bastón con una barra cruzada en la parte superior.

A veces oraba de rodillas; cuando se postraba él podía quedarse entonces dormido por un corto rato en esa posición sobre el suelo.

¡Así era como él se agotaba a sí mismo! A veces durante nuestra conversación me parecía que dormitaba; pero cuando me detenía él inmediatamente decía: “Continúa, te escucho.”

“Durante un largo tiempo nuestra iglesia no tuvo un sacerdote permanente, una vez uno de otra parroquia vino para celebrar Vísperas. El servicio duró solo 45 minutos (usualmente lleva 2 horas y media) ¡Estábamos horrorizados! Muchas partes de las Vísperas habían sido salteadas y decidimos decírselo a Vladika. Esperábamos que él influenciara al sacerdote a seguir el orden establecido de servicios Ortodoxos.

Pero Vladika pacíficamente sonriendo nos dijo: “¡Qué difícil que es complacerlos. Yo oficio demasiado largo y él demasiado corto!” Con tal benevolencia y mansedumbre nos enseñó a no juzgar.

La reputación de la santidad de Vladika se esparció entre los no Ortodoxos tan bien como entre la población Ortodoxa.

En una de las Iglesias Católicas romanas de Paus, un sacerdote se esforzaba para inspirar a su gente joven con estas palabras: “Ustedes exigen pruebas, dicen que ahora no hay milagros ni Santos. ¡Por qué tengo que darles pruebas teóricas, cuando hoy camina por las calles de París un Santo – Saint Jean Nus Pieds (San Juan el descalzo)!”

Mucha gente testifica los milagros obrados por las oraciones del Arzobispo Juan en Europa Occidental.

V.D. cuenta: “Muchos sabían que no era necesario pedirle a Vladika que visitara a alguien. El mismo Señor lo inspiraba a donde y a quién visitar. Vladika Juan era conocido por muchos en los hospitales franceses y era admitido en esos lugares en cualquier momento. Además, Vladika se dirigía infaliblemente donde lo necesitaban. Mi hermano cuando fue herido en la cabeza, fue llevado al hospital. Los rayos X revelaron una gran fractura de cráneo. Sus ojos se hincharon y se volvieron sanguinolentos, estaba en situación crítica. Vladika, que no conocía a mi hermano, lo encontró sin embargo en el hospital, oró sobre él y le dio la Comunión. Cuando mi hermano fue llevado a una siguiente radiografía de la cabeza, no se encontró fractura alguna. Mi hermano se recuperó muy rápido. ¡El doctor quedó enmudecido!

San Francisco

En San Francisco, cuya catedral es la más grande de la Iglesia Ortodoxa en el Exilio, un antiguo amigo de Vladika, el Arzobispo Tijon, se retiró por enfermedad, y en su ausencia la construcción de una nueva gran catedral se detuvo debido a que una amarga disputa paralizó a la comunidad rusa. En respuesta de un pedido urgente de miles de rusos en San Francisco que lo habían conocido en Shanghai, el Arzobispo Juan fue enviado por el Sínodo en 1962 como el único jerarca posible para restaurar la paz en la comunidad dividida. Él arribó a su última asignación como obispo 28 años después de su arribo a Shanghai: en la fiesta de la Entrada de la Madre de Dios en el Templo, el 21 de noviembre de 1962.

Bajo la dirección de Vladika una medida de paz fue restaurada, la parálisis de la comunidad terminó y la catedral culminada. Aun en el rol de pacificador Vladika fue atacado; acusaciones y calumnias fueron acumuladas sobre su cabeza. Fue forzado a aparecer en la corte pública – en notoria violación de los cánones de la iglesia – a responder a absurdos cargos de ocultar fraude financiero por el Consejo Parroquial. Toda implicancia fue completamente exonerada, pero así los últimos años de Vladika fueron llenos del amargor de calumnias y persecución, a los cuales él inagotablemente respondió sin queja, sin juzgar a nadie, con inalterada calma.

Vladika permaneció veraz hasta el final en su sendero de servicio fiel a la Iglesia. A aquellos que lo conocieron en sus últimos años quizás le sobresalieron dos aspectos de su carácter. Primero su severidad en lo relacionado a la Iglesia y la Ley de Dios.

A fines de octubre la Iglesia Católica romana celebra la fiesta de Todos los Santos. Hay una tradición que la noche anterior los oscuros espíritus celebran su propio festival de desorden. En América “esta celebración” llamada Halloween se convirtió en una ocasión en la cual los niños hacen travesuras vestidos en trajes de brujas, diablos, fantasmas como si llamaran a los poderes de la oscuridad – una diabólica mofa del Cristianismo.

Un grupo de rusos organizó esa noche un Baile de Halloween. En ese momento se estaban celebrando la Vigilia pernocturna en la catedral de San Francisco y un número de personas estaban ausentes, para pesar de Vladika. Luego del servicio él fue al lugar donde el baile aun se llevaba a cabo. Subió las escaleras y entró al salón, ante el absoluto enmudecimiento de los participantes. La música paró y Vladika, en completo silencio, relumbró a la confundida gente, despacio y deliberadamente haciendo un círculo del salón entero, báculo en mano. No habló una palabra y ninguna era necesaria, la mera vista de Vladika atormentó la conciencia de todos, como era evidente por la consternación general. Vladika se fue en silencio, y al día siguiente en la iglesia tronó su santa indignación y su flamante celo, llamando a todos a una devota vida cristiana.

Vladika no es recordado mejor por su rebaño debido a su austeridad, sino por su nobleza, su alegría, incluso por lo que es conocido como “orate por Cristo.” Su fotografía más famosa captura algo de ese aspecto de su carácter. Era especialmente accesible en su conducta con los niños. Luego del servicio él sonreía y bromeaba con los muchachos que sirvieron con él, jugando golpeaba el refractorio en la cabeza con su bastón.

Ocasionalmente el clero de la Catedral era desconcertado al ver a Vladika en la mitad de un servicio (aunque nunca en el altar) encorvado para jugar con un niño pequeño. Y en días de fiesta cuando se bendecía con agua bendita, él salpicaba a los feligreses no en la cabeza como es usual, sino directo a la cara (lo cual llevó a una niña a exclamar “él te chorrea”) con un notable brillo en sus ojos y total indiferencia ante la turbación de algunos de los más decorosos. Los niños eran absolutamente devotos a él, a pesar de su usual severidad con ellos.

Anna Hodyrina relata: “Mi hermana Xenia Yarovoy, que vivía en Los Angeles, sufrió mucho tiempo con una mano dolorosa. Vio a médicos, trató remedios caseros, pero nada ayudó. Ella finalmente decidió dirigirse a Vladika Juan y le escribió a San Francisco. Pasó cierto tiempo y su mano fue curada. Xenia comenzó a olvidar el previo dolor en su mano. En una ocasión cuando ella visitó San Francisco, fue a la Catedral por los oficios. Al final del servicio Vladika Juan sostuvo la Cruz para ser besada. Al ver a mi hermana él preguntó: “¡Cómo esta su mano!” ¡Vladika vio a mi hermana por primera vez! ¿Cómo la reconoció y supo que era ella quién tuvo una mano dolorosa?”

Anna S. cuenta: “Mi hermana Musia y yo tuvimos un accidente. Un hombre borracho nos embistió. Él golpeó con gran fuerza la puerta del lado que estaba sentada mi hermana. La ambulancia fue llamada y ella fue llevada al hospital. Su condición era muy seria – un pulmón estaba perforado y una costilla quebrada lo cual le causaba un gran dolor, sus ojos eran invisibles en su hinchada cara. Cuando Vladika la visitó ella levantó su párpado con el dedo y viéndolo tomo su mano y la besó. No podía hablar ya que tenía una traqueotomía, pero lágrimas de alegría brotaron de sus ojos. Luego de eso Vladika la visitó varias veces y ella comenzó a mejorar. Una vez Vladika entró en la guardia y anunció: “Musia se siente muy mal ahora.” Entonces él fue a ella y cerrando el cortinado que rodeaba su cama, oró por un largo tiempo. Durante su oración se nos acercaron dos médicos y les pregunté ¿qué tan seria era la situación de mi hermana y si debía notificar a su hija de Canadá? (Nosotros ocultamos a la hija el hecho de que su madre tuvo un accidente). Los médicos contestaron. Llamar o no a la familia es su problema – ¡Nosotros no podemos garantizar que ella sobreviva a la mañana!

Gracias a Dios ella no solo sobrevivió esa noche sino que fue completamente curada y retornó a Canadá. “Mi familia y yo creemos que Musia fue salvada por las oraciones de Vladika Juan.”

La vida de Vladika era gobernada por las normas de la vida espiritual, y si esto tumbaba el orden rutinario de las cosas era para sacudir a la gente fuera de su inercia espiritual y recordarles que hay un juicio más alto que el mundano. Un incidente remarcable de los años de Vladika en San Francisco (1963) ilustra varios aspectos de su santidad: su valor espiritual basado en absoluta fe; su habilidad para prever el futuro y vencer con su visión espiritual los límites del espacio; y el poder de su oración, el cual por sobre toda duda obraba milagros. El incidente es relatado por la mujer que testificó eso, Mrs. L. Lin: las palabras exactas de Vladika fueron confirmadas por el Sr. T quién es mencionado. “En San Francisco mi marido fue implicado en un accidente automovilístico y fue seriamente herido; perdió el control del equilibrio y sufrió terriblemente. En ese tiempo Vladika tenía muchos problemas. Conociendo el poder de las oraciones de Vladika yo pensé: “Si yo le pido a Vladika que visite a mi marido, él se recuperará.” Pero yo temía hacerlo porque entonces Vladika estaba muy ocupado. Pasaron dos días, y de pronto Vladika vino a nosotros, acompañado por el Sr. B.T; Quién lo trajo. Vladika estuvo 5 minutos, pero yo creía que mi marido se recuperaría. Su estado de salud estaba entonces en su punto más serio, y luego de la visita de Vladika, tuvo una crisis aguda y después comenzó a recuperarse. Vivió por 4 años más luego de eso; era bastante mayor de edad. Después encontré al Sr.T. en la Iglesia y él me dijo que él estaba llevando a Vladika al aeropuerto. De pronto Vladika le dijo: “Vamos a lo de Lin ahora.” Él le objetó que llegarían tarde para tomar el avión y que él no volvería atrás en ese momento. Entonces Vladika le dijo: “¿Puedes cargar con la vida de un hombre sobre ti?” El no pudo hacer nada más que llevarlo a nosotros. Vladika, aunque se desvió, no perdió su avión.

La muerte de un Santo

Entre los que conocieron y amaron a Vladika, La primer reacción a la noticia de su muerte súbita fue: ¡No puede ser! Y esto era más que una reacción al evento súbito; para aquellos entre los que estaban cerca de él se había inexplicablemente desarrollado la noción de que este pilar de la Iglesia, este Santo hombre quien era siempre accesible a su rebaño – ¡Nunca cesaría de serlo! Nunca existiría el momento en que uno no podría volverse a él por consejo o consolación. En un sentido espiritual, terminó siendo verdad. Pero esto es también una de las realidades de este mundo que todo hombre que nace debe morir. Vladika estaba preparado para éste realidad.

Al director del orfanato donde él vivió, quien le habló en primavera de 1966 sobre un encuentro diocesano a realizarse 3 años después, él le indicó: “Yo no estaré aquí entonces.” En mayo de 1966, una mujer que conocía a Vladika hacía 12 años y cuyo testimonio, de acuerdo con Metropolitano Filaret, es “digno de completa confianza” estaba asombrada de escucharlo decir: “Yo voy a morir pronto, al final de junio – no en San Francisco, sino en Seattle.”

Otra vez, en las vísperas de su partida a Seattle, 4 días antes de su muerte, Vladika asombró a un hombre para el cual él acababa de servir un moleben con estas palabras: “Usted no besará mi mano nuevamente.” Y el día de su muerte, al término de la Sagrada Liturgia la cual él celebró, pasó 3 horas rezando en el Altar, saliendo no mucho antes de su muerte; la que ocurrió el 2 de julio de 1966. Él murió en su habitación en el edificio parroquial cerca de la Iglesia. Se lo escuchó caer, y siendo ubicado en una silla por aquellos que corrieron ayudarlo respiró su último aliento pacíficamente y con pequeño dolor evidente, ante la presencia del Icono Milagroso del Signo de Kursk.

Antes de su canonización del Arzobispo Juan sus reliquias reposaron en una capilla en los basamentos de la Catedral de San Francisco (luego de la canonización en julio de 1994 las reliquias del Arzobispo Juan fueron trasladadas al piso principal de la Catedral). Pronto luego de su reposo, un nuevo capítulo comenzó en la historia de este santo hombre. Así como San Serafín de Sarov le dijo a sus hijos espirituales que se refieran a él como si estuviera vivo luego de su muerte, y venir a su tumba y contarle lo que había en sus corazones, nuestro Vladika también probó estar escuchando a quienes reverencian su memoria. Enseguida luego de su muerte, quien una vez fue su alumno, el padre Ambrosy P. vio una noche una visión o un sueño: Vladika, vestido en atuendos orientales, lleno de luz y brillando, estaba incensando la catedral le dijo sólo una palabra mientras lo bendecía: “Feliz.”

Más tarde, antes del término del período de los 40 días, el padre Constantino Z, por largo tiempo diácono de Vladika y ahora sacerdote, quien estuvo últimamente enojado con Vladika y comenzó a dudar de su rectitud, lo vio en un sueño todo lleno de luz, con rayos de luz brillando alrededor de su cabeza tan fuertemente que era imposible mirarlo. Así fue como las dudas del padre Constantino sobre la santidad de Vladika se disiparon.

La directora del Hogar San Tijon de Zadonsk y servidora devota de M.A.Shakmatova vio un sueño remarcable.” Una multitud de gente llevaba a Vladika en un ataúd dentro de la Iglesia de San Tijon; Él revivió y se paró en las Puertas Reales ungiendo a la gente y diciéndole a ella, “¡Dile a la gente: aunque Yo haya muerto, estoy vivo!”

Como durante su vida, Vladika continúa siendo muy activo ayudando a quienes lo necesitan. Aquí hay dos de los miles de casos de los milagros de Vladika. Víctor Boyton, quien atestiguó la curación de su amigo por Vladika Juan, relata: “El milagro ocurrió luego de que yo recibí la publicación en inglés de Vida Ortodoxa desde Jordanville, Nueva York, el cual incluía fotos de Vladika Juan. Yo tenía un amigo, un Musulmán de Rusia, quien sufría de Leucemia y estaba perdiendo la vista. Los doctores concluyeron que en tres meses quedaría ciego. Colocando la foto de Vladika al lado de mi lampadka, comencé a rezar diariamente por él. Luego de un corto período de tiempo fue curado de la leucemia y comenzó a ver normalmente. Los doctores estaban asombrados por lo ocurrido. Desde entonces mi amigo tiene una vida normal y lee sin impedimentos.”

El arcipreste Esteban Pavlenko cuenta: “Mi hermano Pablo, aunque no en la milicia, vivió unos años en Vietnam. Allí vio niños que fueron heridos o quedaron huérfanos debido a la guerra. Él los ubicó tanto en orfanatos como en hospitales. Así conoció a su futura esposa, una cierta vietnamita Kim, quién también estaba implicada en ayudar a niños infortunados. Mi hermano introdujo a Kim a la fe cristiana y a la vida de muchos Santos de Dios. Ella le dijo a mi hermano que durante los tiempos difíciles allí, se le apareció a ella en sueños un cierto monje que la consoló y le dijo qué hacer.

Una vez, cerca del tiempo de Pascua, yo le envié a mi hermano mi paquete y habiéndole mostrado la literatura espiritual a Kim quedó sorprendido, cuando viendo la tapa de cierto diario ella exclamó: “¡Este es el monje que se me aparece en sueños!” Ella señaló una foto bien conocida de Vladika Juan, tomada entre las tumbas del monasterio de Novo Diveevo en Spring Valley. Por petición, Kim fue bautizada en la Iglesia Ortodoxa con el nombre Kyra.

Recurso: www.fatheralexander.org

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