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Misión Ortodoxa de Sierra Leona en medio del brote de Ébola

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Archimandrita Temístocles Adamopoulos

 

Me encuentro a mi mismo en un escenario casi apocalíptico del tiempo del fin del que nunca hubiera imaginado que fuera posible. Estoy en medio del mayor brote mortal de Ébola nunca visto en la historia médica humana.

 

Freetown, la bulliciosa capital de Sierra Leona y ubicación de tres de nuestros complejos filantrópicos, eclesiásticos y educativos de la Misión, está empezando a parecer una página de las profecías del fin de los tiempos del Nuevo Testamento:

 

“y habrá en diversos lugares hambres y pestes…” (Mateo 24:7).

 

El impacto y el temor al Ébola está empezando a hacer de Freetown, un hervidero de gente normalmente vibrante (aunque un centro urbano pobre), un pueblo fantasma, especialmente de noche, con gran parte de su infraestructura y economía  bajo mínimos.

 

Muchas enfermeras y médicos han sido aniquilados desgraciadamente por el virus. Cogió desprevenidas a las instalaciones médicas locales ante la llegada de la epidemia. De hecho, la falta de recursos y de personal, junto con un sistema médico ya debilitado, hacen que el sistema esté ahora verdaderamente abrumado.

 

Un número significativo de hospitales, farmacias y clínicas han cerrado y permanecen vacíos. Una considerable proporción de miembros de la profesión médica no se presentan a trabajar y prefieren permanecer en casa por temor a ser contagiados por el virus.

 

La gente está atemorizada ante el hecho de recibir atención médica si tienen fiebre o dolor de garganta por un temor popular irracional a que los médicos los matarán con una “gran aguja envenenada”. No hay tiempo para el menor síntoma de malaria o fiebre tifoidea, debido a la ansiedad de que su dolencia pudiera ser malinterpretada como Ébola.

 

Las mismas víctimas del Ébola se alejan de las clínicas y hospitales cuando son diagnosticados con Ébola mientras que algunos centros de Ébola son atacados por muchedumbres violentas que quieren erradicar los centros de sus vecindarios. Esto sucedió hace pocos días en Monrovia, la capital de nuestra vecina del sur, Liberia.

 

Las estadísticas oficiales del porcentaje de infección parece estar lejos del número actual. En un sentido real, esta plaga ahora está fuera de control aquí y parece que la asistencia y la experiencia internacional es lenta en llegar. De hecho, la comunidad internacional parece más interesada y obsesionada en cancelar todos los vuelos a la región y sin embargo aislarnos en vez de ayudarnos.

 

Los cuerpos de las víctimas deben ser incinerados, dejados sin enterrar durante algún tiempo y enviados a lugares de enterramiento para el Ébola. Las reuniones públicas de personas están ahora prohibidas. Los cines, bares, clubs nocturnos, los campos de futbol, etc., han cerrado.

 

Las escuelas, institutos y universidades están ahora de vacaciones y muy probablemente permanezcan cerrados hasta que pase el peligro. Los únicos lugares en los que la gente puede ahora reunirse en gran número son las iglesias y las mezquitas.

 

Estamos enfrentándonos al aislamiento internacional. La mayoría de vuelos fuera de Freetown han sido cancelados. Los pocos vuelos que aún están disponibles valen su peso en oro. El Departamento de Estado de EE. UU., ha publicado una advertencia de vuelo para todos los ciudadanos de EE. UU., para que no hagan viajes “innecesarios” a Sierra Leona y ha ordenado una evacuación de los miembros de las familias del personal de la Embajada.

 

La mayoría de “expatriados” y personal de ONG’s internacionales ya han sido evacuados. Los centros turísticos de élite que se frecuentan en Freetown (restaurantes, cafés, y las playas Lumley) están ahora casi desiertos.

 

Los vendedores ambulantes deben detener su venta a las 6 de la tarde. Los bancos deben cerrar a la 1 del mediodía. La gente está informada de que debe permanecer dentro de sus casas por la noche. Las motocicletas no están permitidas en las calles después de las 7 de la tarde y los coches no deberían circular después de las 10 de la noche. Freetown se está convirtiendo en una ciudad fantasma, especialmente después del anochecer.

 

La visión de la gente llevando guantes y la colocación de depósitos con cloro fuera de aquellas tiendas o avenidas que aún están abiertas, es muy común. Y el olor a cloro flota en el aire.

 

La gente ya no se abraza o se da la mano por temor al contagio y existe la sospecha en todos (porque el enemigo mortal es invisible para cualquier persona que conozcas o con la que hables), pues el mendigo o el rico, la gente de a pie o el profesor, podría ser un portador.

 

Distritos enteros de Sierra Leona están ahora en cuarentena custodiados por puestos de control militar (no se puede salir o entrar) y se comenta que este tipo de bloqueo también se impondrá aquí en Freetown.

 

Esta es una nación que ha emergido muy recientemente de una brutal y catastrófica guerra civil caracterizada por la amputación de miembros. Así que las personas son resistentes y estoicas. Sin embargo, además de la plaga del Ébola podría estar llegando otra calamidad. Mi preocupación es que los barcos también puedan dejar de llegar a Freetown. En ese caso estaremos casi completamente aislados del resto del mundo. Nuestros suplementos de alimentos empezarán a agotarse. El arroz, que es la base alimenticia de Sierra Leona, se importa del extranjero. Y si la crisis continúa y nos convertimos en un estado paria, una región intocable, tendremos que hacer frente en el futuro a un peor asesino en masa, peor que el Ebola: el hambre.

 

“y habrá en diversos lugares hambres y pestes…” (Mateo 24:7).

 

Aquí, en la Misión Ortodoxa de Sierra Leona, estamos centrándonos en ayudar a los pobres vulnerables en esta actual situación calamitosa.

 

Estamos proporcionando alimentos, guantes, cubas de cloro, mascarillas, sensibilizando a los pobres, a los discapacitados y a los mendigos callejeros de los peligros del virus así como llevando a cabo oficios diarios y suplicando al Señor que nos proteja.

 

¡Que nuestro Señor Jesucristo tenga misericordia de nosotros!

 Fuente:

Traducido por psaltir Nektario B. (P.A.B)

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