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De vuelta a la santa rutina: Hacer que la Liturgia forme parte de cada aspecto de nuestra vida.

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El verano terminó, de nuevo a la escuela, de nuevo a la rutina

Los padres suspiran con una mezcla de alivio y tristeza al ver a los niños el primer día de clase. Los estudiantes de secundaria se separan de sus compañeros más jóvenes después de un verano de diversión. Los estudiantes universitarios regresan a sus estudios. Los que trabajan fuera de casa vuelven del trabajo para ayudar con las tareas escolares de sus hijos en vez de ver a los niños jugar al aire libre hasta el anochecer. Las noches son más frescas, y muchos comienzan el proceso de establecer una rutina que durará hasta la primavera.

Los seres humanos son criaturas de hábitos y rutinas. Buenas o malas, espirituales y materiales, estos hábitos rutinarios pueden tanto elevarnos hacia arriba como hundirnos. Ya sea hablando de una regla de oración o de una adicción, esa taza de café por las mañanas o asistiendo a las vísperas los Miércoles, la verdad subyacente permanece: los seres humanos son seres litúrgicos.

En cierto sentido, la humanidad llegó a existir para hacer la misma cosa una y otra vez, por toda la eternidad: conocer y adorar a Dios, vivir en comunión con los demás y con la creación, y formar familias a través de la cuales los nuevos seres humanos vienen a la existencia y a la experiencia de la misma vida plena. El verdadero bienestar, la satisfacción, el amor, la alegría y la paz de todo fluyen de una vida de adoración y comunión.

Por lo tanto, el establecimiento y la práctica de regular de la adoración diaria, semanal y anual, tanto en privado como en compañía, es esencial para la auténtica existencia humana y para la experiencia. “Como ortodoxo, cuando hablamos de una vida litúrgica, no nos referimos a nuestra corta ofrenda litúrgica en la iglesia, sino a la totalidad de nuestra vida, que a partir de las acciones litúrgicas en la Iglesia, se convierte en una continua liturgia y adoración” (Abba Georgios Kapsanis, Monasterio Grigoriou, el monte Athos; + 08 de junio 2014).

La oración en casa, en la iglesia, en las grandes fiestas del año, y en el ritmo de nuestra rutina diaria debe ser la prioridad más importante, por encima de cualquier otra: dinero, tareas, trabajo, deportes, aficiones, ejercicio, socializar, y el resto de nuestros hábitos. “Los cristianos ortodoxos no pueden ser Ortodoxos a menos que vivan litúrgicamente. A menos que la Divina Liturgia y la adoración no sean una mera “posibilidad” o  cita en su calendario, sino que sean, por el contrario, el “brote dador de vida” injertado en sus vidas y  que produzca una transformación en ellas; que sea el centro, la base, el principio y el fin “(Abba Georgios).

Ahora bien, para entrar en la oración privada y colectiva, hay que entrar en la experiencia y en la comprensión. Rezamos y vamos a la iglesia para experimentar una auténtica forma litúrgica de  existencia. Pero también tenemos que ir a casa y estudiar lo mismo. Es esta alternancia entre la experiencia y la comprensión que nos impulsa a la liturgia de la vida, o mejor dicho, a la liturgia como vida. Si no experimentamos nada que atractivo en la oración y en los servicios, por lo general es por nuestra propia culpa.

Como puso el padre Stanley Harakas en su útil libro Vivir la liturgia, “Si realmente esperas conseguir algo de la sola asistencia a la iglesia y a la oración, estás equivocado. No es suficiente sólo con sentarse allí,  sino que debes tomar parte activa en el culto. Debes aprender a participar personalmente”.

En cuanto a los niños, el padre Alexander S. nos anima diciendo: “Como regla general, a los niños les gusta estar en la iglesia, y es esta atracción instintiva e interés en los servicios de la iglesia, la base sobre la que debemos construir su educación religiosa. Cuando los padres se preocupan de que los niños se cansen porque los servicios son largos, por lo general expresan inconscientemente preocupación no por sus hijos, sino por sí mismos “(Liturgia y Vida).

Así que este otoño, tomad el tiempo para reunirte, debatir, contemplar, estudiar, recibir consejo, y hacer un compromiso con la auténtica vida humana a través de la oración privada y la adoración colectiva. Rezad en casa todos los días. Cuándo, dónde y por cuánto tiempo son detalles que se elaboran ​​con el tiempo. Pero pongámonos ante la siguiente pregunta: “¿He rezado hoy?” Y al responder, “¡Sí!” entonces comprometámonos a asistir a la iglesia cada sábado por la noche y domingo por la mañana. Al realizar esto comprometámonos a asistir a un oficio durante la semana y a todas las fiestas mayores. Sacrifiquemos las prioridades competitivas que nos alejan de la oración y sometámonos a la realidad de que sin Dios la vida no tiene sentido. Y sin la oración, no conocemos a Dios.

 

Fuente

Traducido por hipodiácono Miguel P.

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