conflicto en Ucrania

Sacerdote de Lugansk: “Nadie pensó aún en irse dejando a la iglesia y a sus fieles”

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El rector de la Iglesia del icono de la Theotokos “de la Ternura”, en Lugansk, el arcipreste Alexander Ponomarev, ha contado cómo los sacerdotes y parroquianos pasaron por los terribles meses de guerra, según informa la web Svete Tikhiy (“Oh gozosa Luz”).

Los militares ucranianos bombardearon esta iglesia dos veces: el 6 y el 21 de agosto. La iglesia está situada en el terreno de un hospital regional para niños.

“Todos los sacerdotes permanecieron entonces en Lugansk”, cuenta el padre Alexander”, “nadie pensó en irse, dejando a la iglesia y a los parroquianos. Los oficios se celebraban como de costumbre”.

“Se sabe que el centro de la ciudad fue bombardeado con particular celo. Allí está el edificio de gobierno de la República Popular de Lugansk. Seguramente, intentaban asediarlo pero deben entender que los edificios colindantes estaban también siendo bombardeados. Así, el 6 de agosto, fue nuestro turno y las bombas cayeron en el área de nuestra iglesia. El ministerio de Situaciones Extraordinarias informó que las bombas se habían disparado desde un cañón del calibre 112 de largo alcance desde el área de la aldea de Metallist. Una de las bombas, que no impactó realmente contra la misma iglesia, cayó a dos metros de sus muros. Casi todas las vidrieras quedaron dañadas. La metralla atravesó las paredes de la iglesia. También la cúpula está dañada…”.

“Nos bombardearon, intentaron destruirnos y nos dispararon a todos…”.

“Cuando comenzaron estos hechos, el número de gente descendió considerablemente. Muchos de nuestros parroquianos nos abandonaron. El camino de nuestra iglesia tampoco era seguro. Pero durante semanas la iglesia estuvo llena con la misma gente”.

“La gente venía, rezaba, confesaba. Muchos de ellos temían por sus vidas y las de sus parientes, por sus hogares. Hicimos todo lo mejor para consolarlos. Con la ayuda de Dios y por las oraciones pudimos calmar a los parroquianos y disponerlos para sufrir lo más duro con paciencia”.

“Era muy importante para ellos ver que la iglesia no desaparecía, que permanecía en pie y aguantaba todas las pruebas con el pueblo. Seguramente no podían creerlo con sus propios ojos, viendo toda esta destrucción. La gente no entendía cómo podían suceder estas cosas en su iglesia, su ciudad”.

“Pero nuestro pueblo es inquebrantable. Los que permanecieron aquí, sufriendo todo esto, obtuvieron por el temor la enseñanza del valor, la enseñanza de la supervivencia, del entendimiento de los verdaderos valores, de la asistencia mutua”.

“La gente pasaba las noches en la iglesia porque, cuando los distritos del sur de la ciudad eran bombardeados extensamente, era más seguro estar aquí que en casa”.

“Los trabajadores de la iglesia permanecieron con ellos y los asistieron tanto como era posible. Tuvimos que adquirir rápidamente un generador para que pudiéramos encender la luz dentro de la iglesia y obtener agua. Cada mañana, la gente hacía cola para obtener agua de aquí. La distribuíamos tanto como el pozo lo permitía, casi cerca de media tonelada por día. Cuando se traía ayuda humanitaria de gente anónima a la iglesia, disponíamos la distribución entre los necesitados tras los oficios de la iglesia. La gente veneraba la cruz y venía a nuestra sala de conferencias donde se les daba paquetes con comida”.

“Más de una vez decían que si las iglesias se cerraran, la vida se convertiría en un horror”.

“Empecé a notar que durante el tiempo más peligroso, incluso la gente no religiosa venía a la iglesia. Compraban cinturones con el versículo del salmo 90, “Señor, tu has sido nuestro refugio de generación en generación”, en gran número, para ellos y sus amigos”.

“Acudían muchos miembros del cuerpo de voluntarios, pero no vi a ninguno de los soldados del ejército ucraniano”.

“Sí, la Iglesia es para todos. La gente que acude a Dios puede tener diferentes puntos de vista. Nuestro deber es escucharlos a todos, darles consejo, dirigirlos por el verdadero entendimiento de las cosas, según la enseñanza del Nuevo Testamento”.

“La guerra es guerra, pero no podemos negar de ninguna forma el hecho de que la población civil de Lugansk fuera bombardeada por los soldados ucranianos”.

“Los que permanecieron en Lugansk eran testigos de crímenes que no podrían ser nunca justificados, se cometían actos inhumanos. Así, mucha gente era asesinada, y muchos hogares quedaron arrasados. Las familias eran separadas. ¡Cuántos de ellos abandonaron sus posesiones y huyeron!. Y ahora están en tierras lejanas, tanto en Rusia como en otras partes de Ucrania”.

“Sé que muchos de ellos quieren regresar. Nuestra labor aquí es poner medios y esfuerzos para que el pueblo no tenga miedo a regresar a su patria y vivir pacíficamente, incluso si sólo es con mínimos medios y comodidades”.

Fuente:

Traducido por Psaltir Nektario B.

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