Monte Athos

Ex periodista serbio se convierte en monje y ermitaño en el Monte Athos

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Santo Monte Athos, 22 de octubre de 2014

Una de las “terribles” cuevas y ermitas del santo Monte Athos es el lugar en el que un monje serbio llamado Serafín vive en verano. En invierno, aquel lugar es muy severo, y así, durante la estación fría se traslada a una pequeña y estrecha cueva, donde a penas hay espacio suficiente para una persona, con una cabaña exterior de madera.

Cuatro tablas y una esterilla; esto es todo lo que necesita para descansar y dormir.

Karoulia tiene cuevas con celdas suspendidas en las escarpadas rocas en la parte más meridional de la península, no lejos de la skete de Katounakia. Son cuevas distantes a las que sólo se puede llegar mediante cadenas atadas a las rocas, y por eso son llamadas interiores, o “cuevas terribles”.

El futuro monje Serafín, estudio al principio en la universidad, en el Departamento de Economía, y más tarde trabajó como periodista para los medios de comunicación de la televisión serbia. En el mundo, dejó a una hija de 16 años, según informa el portal de noticias Afonskaya Tribuna.

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“Mi fe no tiene nada que ver con mi trabajo de periodista; son dos mundos opuestos, diferentes valores y convicciones”, cuenta el hermano Serafín. “Aquí, rezo por mi hija y mi mujer, ya que realmente no las he abandonado. Estoy con ellas en mi mente. Simplemente un día me llené de amor por nuestro Dios Trino. Y esto lo hago por el bien de todos nosotros”.

Vive en uno de los más remotos y salvajes lugares de Karoulia, pero sin embargo dice: “Aquí no estoy solo, tengo muchos amigos conmigo”. Cuando preguntamos quienes son esos amigos, el monje respondió: “Miles de ángeles, y sólo puedes contemplarlos cuando estás trabajando por el bien de tu alma, pero no por el bien de tu carne. El cuerpo necesita muy poco de todas las cosas buenas que el Señor nos envía abundantemente”.

“Una vez sucedió que no tenía absolutamente nada que comer, y entonces ocurrió un milagro. Vi un águila volando muy velozmente hacia mí. Me asusté y pensé: ahora me atrapará y me llevará, Dios sabe dónde. Pero mientras se acercaba, vi que llevaba algo en el pico. Era un pescado fresco… Aquella fue mi comida de aquel día”, dijo gozosamente el monje Serafín en conclusión.

Fuente:

Traducido por psaltir Nektario B.

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