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Patriarca Juan X: el Athos es un komboskini para el mundo entero

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Noviembre 2014

“Por la noche, cuando las voces humanas, el movimiento y el tumulto se revisten de quietud, se ilumina cada movimiento de mi alma contigo, oh Jesús, Luz de los justos. En la hora en que das reposo a los cansados, oh mi Señor, haz que nuestros sueños se inunden con el dulce sueño, oh Dulzura de los santos. A la hora de dormir, cuando el embriagado repose por el artificio temporal, despierta en nosotros, oh Señor, ese conocimiento eterno. Al comenzar el día, cuando estemos preocupados por las cosas terrenales, haznos dignos, oh Señor, de gozar siguiendo el camino celestial. A la hora en que nos despojemos de nuestra vestidura del sueño, elimina de nuestro corazón, oh Señor, el recuerdo del mundo que pasa. Al amanecer, cuando los marineros se dirijan al mar de este mundo, da descanso, oh Señor a nuestras almas en tu refugio. En tus misterios, te abrazamos cada día y te recibimos en nuestro cuerpo. Haznos dignos de sentir en nuestras almas la esperanza que tenemos en la resurrección. Sé, oh Señor, las alas de nuestra mente, para que volemos en la brisa suave, hasta que por estas alas alcancemos nuestro verdadero nido”.

Hermanos y amados,

No he podido encontrar palabras más hermosas que estas de San Isaac el Sirio con las que empezar aquí mi discurso. No he encontrado ningunas mejores que estas, una oración sincera que engloba la experiencia espiritual del Athos y describe el estado del alma humana atrapada por el amor divino.

Estas palabras de San Isaac el Sirio encarnan a la gente que he conocido y por quien he vivido, indignamente, como monje en el Athos.

El Athos encarna la experiencia de la Iglesia rezando y adorando ante la cruz de su Señor, en constante oración por el mundo entero.

El Athos es el incienso de súplica ante el Cordero sacrificado por la salvación del mundo.

El Athos es la lámpara de oración ante la pureza de la Virgen, alimentada con el aceite de la obediencia y la generosidad, y la mecha de la virginidad. De ella se esparce bien la llama de la santidad y su luz ilumina a todo el mundo.

Este Athos es el puerto seguro de la Virgen en el profundo mar de este mundo. Las poderosas olas del tiempo rompen ante quien está unido a la Virgen.

Para mi es un placer enviar un saludo a mi hermano, Su Santidad Bartolomé, arzobispo de Constantinopla, Nueva Roma y Patriarca Ecuménico de esta iglesia, y encender una lámpara de oración por él en mi nombre y en nombre de la delegación que me acompaña, por él, que cuida de esta república monástica.

Conozco esta santa tierra desde hace treinta años. Vine a conocerla, y aquí conocí la teología en la oración.

Llegué a conocerla como escuela teológica, donde todas las teorías se mezclan en la realidad de la vida. En estos monasterios, la teología se amasa con la vida de oración. Aquí, como en muchos lugares, el conocimiento teológico se mezcla con la piedad y todas estas cosas concurren en la gloriosa vida litúrgica.

La montaña es un komboskini[1] de oración para el mundo entero. Al mismo tiempo, es un oasis del que bebe la Ortodoxia de todo el mundo. Yo bebí de ella personalmente y aprendí aquí y en el monasterio athonita de San Pablo, que esta montaña, con sus monasterios, sketes y celdas, es el lugar en el que la masa de la teología se amasa con la oración. Aprendí que el teólogo es el que reza y ama. No desdeña el conocimiento que adquiere en la escuela y no desdeña la piedad y la oración que ve en los monasterios. Al contrario, llega a ambos con la sinfonía de esta vida para convertirse en un ser que alaba al Dios Todopoderoso, en cualquier lugar del Espíritu durante el transcurso de su vida.

En nuestra era moderna, la Santa Montaña ha tenido un enorme impacto sobre el Patriarcado de Antioquía.

Hoy, en Antioquía, hay gente que ha vivido y muerto aquí.

Hoy, en Antioquía, hay patriarcas, obispos y sacerdotes que han transitado y aprendido de los monjes en el Jardín de la Theotokos.

Hoy, en Antioquía, hay hermandades y monasterios cuyos fundadores han bebido ampliamente de la fuente del monasticismo ortodoxo athonita y han dado la vida a las piedras de sus monasterios.

En los años 70, el padre Isaac Atallah vino aquí. Vino a vosotros llevando el sufrimiento del Líbano, que se tambaleaba por el impacto de una guerra que había expulsado a sus hijos.

Hoy vengo a vosotros pidiendo vuestras oraciones por Siria y por todo Oriente Medio, que está siendo sacudido por el tumulto de las guerras.

Vengo hoy a vosotros pidiendo vuestras oraciones por la cuna del cristianismo, la esposa de la Iglesia Oriental, la Iglesia de Antioquía.

Vengo a vosotros llevando las heridas de vuestra familia y amados de Siria.

Vengo a vosotros desde la tierra de San Efrén el Sirio y los damascenos Andrés, Juan, Cosme y Pedro.

Vengo a vosotros desde la tierra de San Simeón el Estilita para pediros que recéis por la tierra que fue bautizada en primer lugar con el nombre de Cristo.

Os pido que recéis por la gente que ha sido alejada de sus hogares y ha sido secuestrada.

Os pido que recéis por los pastores y sacerdotes secuestrados en Alepo.

Os pido oraciones fervientes por el metropolita Yuhanna Ibrahim y el metropolita Yazigi, que es conocido por la tierra de esta Santa Montaña, sus celdas y monasterios.

Os pido que recéis por el pueblo inocente que paga el precio de estos días crueles, del terrorismo y del takfirismo ciego. Os pido oraciones por ellos llenas de esperanza firme para que Oriente Medio vuelva a ser una fuente de luz y un hogar de paz para el Niño del pesebre.

Os pido vuestras oraciones por el Líbano, el Líbano que languidece bajo cierto grado de malestar, incluyendo secuestros y un vacío en sus instituciones constitucionales.

Decimos esto con la esperanza (de hecho, la más cierta), de que el Señor escucha la oración de los justos.

Vengo a vosotros con las oraciones de los monjes de nuestro país y os traigo las campanas de su amor.

Os traigo el amor de grandes y pequeños de toda Antioquía, que es grande en la fe de sus hijos y en el poder de los que se arraigan en su tierra, la gran Antioquía que ha sido aplastada contra las rocas de su historia, la crueldad de los días pasados y presentes, que ha ungido al mundo habitado con la luz de Cristo.

Es una gran bendición para el Patriarca de Antioquía y para la Iglesia de Antioquía estar hoy aquí y unirnos con vosotros en oración, amados hermanos, y postrarnos ante el icono de la Virgen “Axion Estin” y decir:

Protege, oh Theotokos, oh Esperanza de los fieles, de todo el mal de esta vida, a los que claman con certeza.

 Dios os bendiga.

 

 

[1] Bucle de nudos complejos que se usa para rezar. Normalmente hecho de lana o seda.

 

Fuente:

Traducido por psaltir Nektario B.

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