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30 aniversario de la consagración episcopal del metropolita Hilarion y 80 aniversario de la fundación de la diócesis oriental americana, celebrado en el centro diocesano

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El viernes 14 y el sábado 15 de noviembre, se llevaron a cabo celebraciones en la catedral diocesana de San Alexander Nevsky de Howell (Lakewood, NJ), en honor al 30 aniversario de la consagración episcopal de su eminencia Hilarion, metropolita de América oriental y Nueva York, y Primer Jerarca de la Iglesia Ortodoxa Rusa fuera de Rusia, y el 80 aniversario de la fundación de la diócesis de América oriental. Las celebraciones fueron realizadas en el centro diocesano recientemente abierto. Por primera vez desde la gran consagración de la catedral de San Alexander Nevsky, se concelebró la Divina Liturgia con 9 jerarcas. Todos los oficios divinos tuvieron lugar bajo la protección de los iconos veneradísimos de la diáspora rusa: el icono milagroso de Kursk y el icono“Hawaiano” emanador de miro de Ivirón-Montreal, ambos de la Theotokos.

Las celebraciones comenzaron la víspera del 14 de noviembre en la Iglesia de Nuestra Señora de Tikhvin, una de las primeras iglesias ortodoxas rusas de Nueva Jersey, donde se oficio una panikidia por los padres, hermanos y mentores espirituales del metropolita Hilarión. El oficio estuvo dirigido por Su Gracia, el vicario episcopal de la diócesis americana oriental, Nicolás de Manhattan. Antes de la panikidia, el obispo Nicolás tonsuró a Alexis Silva (parroquiano de la Misión de San Juan Clímaco, en San Germán, PR), como lector. Los pastores y clérigos procedieron entonces en procesión con los iconos a la Catedral de San Alexander Nevsky, donde el metropolita Hilarion condujo la vigilia nocturna.

El oficio estuvo acompañado por el canto del coro del Seminario de la Santa Trinidad de Jordanville, N.Y.

El 15 de noviembre, los oficios festivos comenzaron con el saludo del Primer Jerarca de la Iglesia Ortodoxa Rusa en el exterior, en la Iglesia de Nuestra Señora de Tikhvin, y siguió con una procesión con los iconos milagrosos de Kursk y el “Hawaiano” de Iviron-Montreal, hacia la catedral diocesana. Su eminencia Hilarion, metropolita de América oriental y Nueva York, celebró la Divina Liturgia, concelebrada con sus hermanos obispos y una multitud de clérigos de las diócesis australiana y americana oriental y las parroquias patriarcales de los EE. UU.

Clérigos y fieles de todas las parroquias de la diócesis asistieron a las festividades. La diócesis de Australia y Nueva Zelanda estuvo representada por su vicario general, el arcipreste Mihail Protopopov.

Una vez finalizado el oficio, el metropolita Hilarion se dirigió al clero y a los fieles con un saludo:

“Sus eminencias, Sus Gracias, reverendos padres, queridos y amados hermanos y hermanas en Cristo:

Nos hemos reunido en este jubiloso día festivo par dar gracias al Dios Todopoderoso por los pasados 80 pacíficos años desde la fundación de nuestra diócesis americana oriental por el siempre memorable arzobispo Vitaly (Maximenko).

Mi corazón se llena de gozo al ver a tantos de nuestros jerarcas, clérigos y fieles reunidos juntos para encarnar las palabras del tropario de acción de gracias que hemos escuchado hoy: ‘con celo acudimos a Ti, y te ofrecemos acciones de gracias según nuestras fuerzas, y te glorificamos como nuestro Benefactor y Creador, y te clamamos: ¡Gloria a Ti, oh Dios bondadoso!’.

En primer lugar, damos gracias al Señor por la misericordia de su Santa Madre en la imagen de sus milagrosos iconos de Kursk y Hawaiano. El icono de Kursk ha sido el protector de nuestra Iglesia en el extranjero durante más de 90 años, y ha pasado la mayor parte de este tiempo en las fronteras de nuestra diócesis americana oriental.

Y si alguna vez, en nuestra debilidad, hemos sentido que este gran y humilde honor no era suficiente, el Señor nos reveló un segundo icono milagroso en Hawai, cuyo miro nos unge con la gracia bondadosa de lo alto. Comenzó a manar miro tras la reunificación de la Iglesia rusa, y es un recordatorio, no sólo de nuestra nueva unidad, sino también de la heroica lucha del hermano José, guardián del icono de Ivirón-Montreal. No olvidemos nunca sus años de servicio a la Theotokos, y pidamos que por su intercesión podamos morar con todos los justos en el Reino del cielo.

Demos gracias al Señor por los justos y siempre recordados pastores, que se han destacado en el gobierno de nuestra diócesis y han preservado inviolables las sagradas tradiciones y costumbres de nuestra Santa Fe Ortodoxa, apoyándose firmemente en la experiencia milenaria de la Iglesia rusa y en todos los santos que han sido glorificados en su seno.

Damos gracias al Señor por los cientos de pastores, diáconos y monjes que han trabajado fervientemente en nuestra diócesis desde los primeros años hasta el día de hoy. Pensad en el gozo que nuestro clero fallecido pudo sentir la pasada noche, cuando los conmemoramos a todos en la panikidia. Esta interacción de oración entre la Iglesia Militante y la Iglesia Triunfante es el distintivo de la Santa Ortodoxia. No olvidemos nunca a estos difuntos en nuestras oraciones, estando siempre agradecidos al Señor por nuestra hermandad en Cristo.

A causa de nuestra naturaleza pecadora, no somos capaces de comprender la insondable profundidad del amor sin fin de Cristo por nosotros. No podemos sino maravillarnos humildemente por las incontables bendiciones y misericordias que el Señor nos ha concedido a nosotros y a nuestra diócesis en los pasados 80 años. La única forma en la que podemos expresar nuestra gratitud al Señor es por medio de nuestra fe. Pero seamos conscientes de las palabras del apóstol Santiago, que dijo: “¿Quieres ahora conocer, oh hombre insensato, que la fe sin las obras es inútil?” (Santiago 2:20).

Como cristianos ortodoxos, conocemos las buenas obras a las que estamos llamados a obrar, pero por desgracia, a menudo ignoramos. Por lo tanto, hoy reafirmamos nuestra fe, no de cualquier tipo, sino “la fe, que obra por amor” (Gálatas 5:6).

San Teófano el Recluso nos enseña que “la fe y el amor son inseparables en la vida del verdadero cristiano”. ¿Pero amor a quién? ¿Qué clase de amor? El amor, tanto por el Señor mismo y por nuestros hermanos cristianos. Dijo el Señor Dios sobre el amor a Dios y el amor a nuestro prójimo: “De estos dos mandamientos pende toda la Ley y los Profetas” (Mateo 22:40).

Esta “fe, que obra por amor”, tiene gran fuerza, pues puede atraer la gracia de Dios y obrar milagros. Recordemos la lección del evangelio sobre la curación del paralítico: “Al ver la fe de ellos, dijo Jesús al paralítico: ‘Confía, hijo, te son perdonados los pecados” (Mateo 9:2). Este Señor obró este gran milagro “viendo su fe”, esto es, la fe del pueblo que le llevó al paralítico. No se dice aquí ninguna palabra sobre la fe del paralítico. Los que lo condujeron ante el Señor poseían tanto la fe como el amor por su sufriente prójimo. De lo contrario, no habrían tomado sobre sí la carga de llevar al paralítico sobre su cama al Señor, bajándole sin decir nada por el techo de la casa, directamente ante los pies del Salvador.

Esta “fe que obra por amor”, fue generosamente recompensada: primero, el Señor perdonó los pecados al paralítico, y entonces su sola palabra lo levantó del lecho de su enfermedad.

Esta “fe que obra por amor”, es exactamente el tipo de fe encarnada por mis mentores espirituales, grandes jerarcas como el obispo Sava (Saračević), el arzobispo Averky (Taushev), el metropolita Laurus, y por supuesto, el siempre memorable metropolita Filaret, que puso sus manos sobre mi pecadora cabeza hace 30 años e hizo descender sobre mi episcopado la gracia del Espíritu Santo. Hasta este día, recibo aliento e inspiración de mi ordenación episcopal, cuya fe ha sido ricamente premiada por el Señor, y cuyo santo cuerpo yace ahora incorrupto entre los muros de mi hogar espiritual, la Lavra de la diáspora rusa, el monasterio de la Santa Trinidad.

Mi único deseo como pastor es que todos seamos salvados siguiendo el ejemplo de la fe de nuestros ancestros, cultivando en nosotros un ardiente amor por Cristo y nuestros prójimos. Esto es todo lo que puedo desear para vosotros en el día de hoy, mis queridos hermanos, que nos amemos unos a otros.

Estoy agradecido por la profusión de amor que se ha mostrado en honor a mi 30 aniversario de episcopado. Me gustaría dar las gracias especialmente al arcipreste Sergey Lukianov y a la administración de la diócesis por la organización de esta dichosa celebración, y a cada uno de vosotros que habéis viajado grandes distancias para estar hoy aquí. Habiendo pasado más de una década de mi episcopado en Australia, estoy sobrecogido por dar la bienvenida nuevamente al arcipreste Mihail Protopopov y a sus compañeros de viaje, que están aquí representando a la diócesis de Australia. Estoy agradecido al Señor por bendecirme, no con una, sino con dos diócesis para pastorear y cuidar. No hay mayor y mejor regalo que pueda recibir que rezar junto con este clero y este rebaño. Por eso, doy las gracias.

Cuando regresemos a nuestros hogares y parroquias, recordemos el sentimiento del gozo pascual que hemos sentido aquí hoy. Habiéndonos reunido alrededor del mismo Cáliz y comulgado de los Sagrados Misterios de Cristo, vayámonos de esta catedral y proclamemos la gracia de la poderosa conquista de la Resurrección de Cristo a todo el mundo, así como las mujeres miróforas corrieron desde la Tumba, habiendo conocido que el Señor había resucitado. Alberguemos este sentimiento de alegría y acción de gracias en nuestros corazones, para que podamos adorar, bendecir, dar gracias, alabar y magnificar su infinita misericordia. Amén.”

Su eminencia recibió palabras de gratitud del metropolita Alexander de Pereyaslav-Khmelnitsky y Vishnevoe (Iglesia Ortodoxa Ucraniana) que, transmitiendo los saludos del primado de la Iglesia Ortodoxa Ucraniana, Su Beatitud, el metropolita Onufre (un jerarca muy familiarizado con el metropolita Hilarion durante muchos años), presentó al Primer Jerarca de la Iglesia Ortodoxa Rusa fuera de Rusia, el más alto honor de la IOU, la distinción de la Orden del Santo Apóstol Andrés el primer llamado, y una Panagia de la colección del siempre memorable primado de esta iglesia, Su Beatitud, el metropolita Vladimir. El obispo Juan de Naro-Fominsk, administrador de las parroquias patriarcales, felicitó a su eminencia en nombre de las parroquias de EE.UU., y deseó al metropolita toda la ayuda de Dios “en la predicación de la verdad del Evangelio, lejos de las tierras en las que los santos apóstoles predicaron cuando trajeron la fe a la Santa Rus”, y regalaron al metropolita una Panagia con la representación de todos los santos de la Iglesia rusa que han iluminado América. Su Gracia Jorge, obispo de Mayfield, regaló un Libro de Oficios (Chinovnik) en nombre de la diócesis de América oriental. Después, se presentó un retrato pintado a mano del Primer Jerarca en nombre de la diócesis. En nombre del monasterio de la Santa Cruz de Virginia del Oeste, el metropolita Hilarion recibió un icono de la Theotokos de Kazan. La diócesis de Australia ofreció su propio regalo, un candelabro. Por parte del deanato de la ciudad de Nueva York, el deán-arcipreste Alexander Belya regaló a su eminencia una mitra elaborada por las monjas de la Rus de los Cárpatos.

Los jerarcas, clérigos e invitados procedieron entonces al salón de la Casa rusa “Rodina”, donde se organizó un banquete, y donde la interacción del clero y los fieles continuó mucho más tiempo. Más de 400 personas estuvieron presentes. Dirigiéndose a los reunidos en nombre de la Fundación para la Ayuda de la Iglesia Ortodoxa Rusa fuera de Rusia, el rector de la Catedral de San Juan Bautista, el arcipreste Víctor Potapov anunció la creación de una beca escolar en honor del metropolita Hilarion, que será concedida anualmente a un estudiante del Colegio Pastoral de Chicago. El padre Víctor también anunció la publicación de un libro fotográfico histórico en honor del 30 aniversario del metropolita Hilarión, titulado “El Primer Jerarca”. El protopresbítero Valery Lukianov, rector emérito de la catedral de San Alexander Nevsky, también saludó al primer jerarca con un discurso. Al concluir la fiesta, el metropolita Hilarión dio las gracias a todos los presentes, especialmente al secretario diocesano de América oriental, el arcipreste Sergey Lukianov, y a la administración diocesana por su trabajo para gloria de la Santa Iglesia y por la organización de los festejos.

 

Fuente:

 

Traducido por psaltir Nektario B.

 

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