Iglesia rusa

Reportaje: El último sacerdote de la misión de Pekín. Una conversación con el arcipreste Mijail Li

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El arcipreste mitrado Mijail Li, jefe de la misión ortodoxa ruso-china de la Iglesia Ortodoxa Rusa fuera fronteras de Australia, un sacerdote de la Iglesia de Todos los santos de Rusia en Croydon, ha cumplido 90 años en enero de este año. El padre Mijail es el último sacerdote de la Iglesia Ortodoxa en China, ordenado hace muchísimos años en la misión espiritual de Pekín, que aún continúa sirviendo regularmente. El padre Mijail cuenta a nuestros lectores acerca de su vida, la historia de la Ortodoxia en China, y el sufrimiento por la fe durante los años de la Revolución Cultural. (Esta entrevista fue traducida del ruso al inglés, y ahora, del inglés al castellano).

-Padre Mijail, ¿puedo hacerle unas preguntas?.

-Sí. Pero no hablo muy bien ruso. Perdí el poco ruso que aprendí. Estuve en el exilio desde 1966, pasé veinte años haciendo trabajos manuales (trabajos forzosos en una cantera). Perdí el derecho a hablar. Durante aquel tiempo, lo olvidé todo, y se me prohibió decir una palabra en ruso. Pero anteriormente conocía bien el ruso, pues se nos enseñó bien. En 1966, se nos expulsó de nuestro hogar, y fui enviado a realzar trabajos forzados. Esto fue a causa de nuestra fe ortodoxa.

No se conoce mucho sobre este periodo de la Iglesia Ortodoxa en china. ¿Puede contarnos qué sucedió en aquel tiempo?

-Fue un tiempo malo. La misión espiritual rusa fue cerrada. Todos los parroquianos fueron expulsados. Lo perdimos todo. Entonces vivíamos en el apartamento de la iglesia. Se nos expulsó de allí y se nos dio una pequeña habitación, sin cocina, ni agua, ni electricidad, ni baño. Vivimos allí durante veinte años con cuatro hijos. Fui forzado a trabajar en una cantera, donde se suponía que tenía que picar una tonelada de rocas al día. Era muy duro, durísimo. Entonces, se me dio la libertad.

En 1986, abrieron la Iglesia Ortodoxa en Harbin. Se me ofreció servir allí. Pero la gente de los “organismos” vigilaba, interrogaba (a los sacerdotes), y preguntaban sobre los fieles: ¿Qué decían? ¿Qué hacían? No me preocupaba de esto, no quería participar en esto. No fui a servir allí. Pero un fiel de Harbin dijo al metropolita Hilarion (Kapral), de la Iglesia Ortodoxa Rusa fuera de Rusia, que estaba entonces en Australia, que el padre Mijail Li aún estaba vivo, y viviendo en Shangai. Y su eminencia me invitó, me ayudó a trasladarme y comencé a servir en Australia.

Durante el tiempo de las persecuciones, cuando fue exiliado e hizo trabajos forzados, ¿qué le ayudó a mantener la fe?

-Leer oraciones. Pero tenía que rezar en secreto.

Cuéntenos sobre su niñez, cuando la Ortodoxia en China estaba en su apogeo.

-Nací en Pekín, en Bei Huan, en la misión espiritual rusa. El territorio de la misión era muy grande, todo un complejo. Había una imprenta, una granja lechera y mucho más. Todos los trabajadores eran ortodoxos. Fue un buen tiempo. Mi padre, Gregorio, estudió en el seminario, y pensó sobre el monaquismo, pero entonces se casó. Tuvo seis hijos, y yo era el mayor. Con siete años, fui a la escuela, en el territorio de la misión. Se llamaba la Escuela Ortodoxa Ruso-China. Desde los 10 años, canté en el coro de la iglesia; se nos enseñó todo, cómo leer música, y canté como primera voz (soprano o tenor). Solía cantar bien, pero después de los veinte años de duro trabajo, lo olvidé todo… Ahora recuerdo muy poco. Cuando era pequeño me gustaba la iglesia y rezar mucho. En Pekín, en la misión espiritual, el nivel del coro era muy elevado. Era hermoso. Cada Pascua, después del oficio, me quedaba toda la noche allí. Me gustaba mucho los oficios.

-¿Había muchos ortodoxos chinos en Pekín en aquel tiempo?

-Sí, muchos. Casi dos mil.

¿Quién fue su primer padre espiritual?

-El arzobispo Víctor. Había tres obispos (como representantes de la misión) en China en mi tiempo. El primero era el metropolita Inocencio (1). Era muy estricto. Cuando alguien no obedecía, lo castigaba. El segundo, era el arzobispo Simón (2), y el tercero era el arzobispo Víctor (3), que más tarde partió hacia Rusia. Me ordenó sacerdote en 1952.

¿Cómo surgió esto?

-Después de la escuela, fui al seminario. Había veinte de nosotros en la escuela de la misión, pero muchos estudiaban mal, sólo jugaban. De nuestra escuela, tres de nosotros fuimos ordenados sacerdotes: el primero, fue el monje Tadeo, el segundo fue Evangel, y el tercero fui yo. Tadeo se convirtió primero en diácono, y después, durante la revolución (cultural) fue asesinado. El diácono Evangel aún está vivo, en Shangai. No hace mucho se calló y se rompió la pierna, y ahora está en cama, y no puede andar. Yo soy el único que queda que aún ofrece servicio.

Cuando finalmente oficio su primera Divina Liturgia en Australia después de tan largo paréntesis, ¿qué sintió?.

-Estaba muy contento. Pero estaba preocupado porque había olvidado muchas cosas. Me dieron todo: los Evangelios, el libro de oficios, y el libro de necesidades. Pero había olvidado completamente como oficiar. Y puedes imaginarlo…¡lo recordé todo en el primer oficio!

¿Vio a San Juan de Shangai?

-Sí, una vez vino con el arzobispo Víctor y ofició la Liturgia en Pekín, y yo serví con él y recibí la bendición del santo jerarca Juan. Era pequeño de estatura.

Cuéntenos sobre su familia. ¿Fueron capaces de preservar su fe ortodoxa?

-Sí, pero mis hijos se quedaron en Shangai y yo vine a Australia sólo con mi matushka.

Cuando fue ordenado sacerdote, ¿ofició en chino o en eslavo de iglesia?

-Al principio en chino: los Evangelios, y casi todo lo demás, y muy poco en eslavo de iglesia. Tenía los Evangelios, un libro de oficios y el libro de necesidades en chino… Muchos libros. Más tarde me los confiscaron todos y los quemaron.

¿Hay chinos ortodoxos entre sus fieles en Australia?

-Sí, muchos. Son de Gwangzhou. Algunos de ellos no sabían inglés o ruso.

¿Qué piensa sobre el futuro de la Ortodoxia en tierras chinas?

-No sé qué pasará en el futuro. Es difícil de decir. Ahora, en China, cualquier palabra, cualquier obra se mezcla con la política. Pero un cristiano debe estar más allá de la política. Tenemos que ser pacientes. Sólo debemos rezar. Dios dispondrá las cosas con rectitud. Toda nuestra esperanza está en Él

 

 

Notas

 

  1. Metropolita Inocencio (Figurovsky), el decimoctavo jefe de la misión espiritual de Pekín, desde 1896 a 1931. Fue durante su tiempo y gracias a sus esfuerzos, que comenzó una exitosa y próspera misión entre los chinos.

 

  1. Arzobispo Simón (Vinogradov), el decimonoveno jefe de la misión espiritual rusa, desde 1931 a 1933.

 

  1. Arzobispo Victor (Svyatin), el vigésimo y último jefe de la misión espiritual rusa de Pekín, desde 1933 a 1955. Tras su regreso a la Unión Soviética, fue designado a la sede de Krasnodar, que gobernó hasta su muerte en 1966.

 

 

Fuente:

Traducido por psaltir Nektario B.

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