conflicto en Ucrania

Entrevista a un hieromonje ortodoxo secuestrado y torturado por el ejercito ucraniano del gobierno actual

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Una prueba brutal. Un monje habla sobre su tortura.

Un video de un hieromonje ortodoxo torturado por el “ejército ucraniano voluntario” ha sido colgado en la web del periodista ucraniano Anatoly Shariy. El padre Feofán (Kratirov) del monasterio de la Santa Dormición y San Nicolás de Vasilievsky (diócesis de Donetsk de la Iglesia Ortodoxa Ucraniana del Patriarcado de Moscú) fue secuestrado el 3 de marzo de 2015 por el ejército ucraniano y ha sido liberado recientemente.

El agotado y atormentado padre Feofán contaba en el vídeo cómo fue secuestrado, esposado, encarcelado en un sótano, mostrando pruebas de la reciente tortura, y entonces fue torturado por miembros del ejército ucraniano “voluntario”. Durante su encarcelamiento no tenía ni idea de porqué había sido arrestado, y sólo después se enteró de que un alcohólico local en estado de embriaguez había acudido a las autoridades ucranianas y les dijo que en el monasterio estaba escondido el depuesto presidente ucraniano Victor Yanukovich, que se había dado a la fuga junto con su fortuna. Los soldados ucranianos lo forzaron a escribir un testimonio contra sí mismo en el monasterio.

El monasterio de la Santa Dormición fue fundado en 1998 en la región de Donetsk, por el venerable staretz local, esquema-archimandrita Zósimo (Sokur). El padre Zósimo estaba firmemente en contra de cualquier cisma en la Iglesia Ortodoxa Ucraniana. El monasterio está situado en un área ucraniana ocupada.

El video, publicado allí en ruso, es necesario escucharlo con esfuerzo y oración. En él, el padre Zósimo relata con detalle su propia prueba y la de otros ucranianos del este que también estuvieron cautivos. El periodista Anatoly Shariy comenta al principio que ha mostrado el video para beneficio de Amnistía Internacional, que ahora está recogiendo evidencias, incluyendo las de internet, sobre causas de tortura perpetradas en el conflicto ucraniano.

“El 3 de marzo”, cuenta el padre Feofán, “estaba en una casa situada en el área del monasterio, cuando un grupo de hombres armados y con máscaras irrumpió allí y comenzó a gritar: ‘¿A quién estás ayudando? Estás ayudando a los rusos….’”. mientras se defendía verbalmente, los demás rebuscaban entre las pertenencias que tenía en casa y cogieron todo lo que les interesó. Le ordenaron abrir las demás habitaciones, y lo sacaron fuera a un autobús que lo esperaba. Fue llevado a otro punto de encuentro, puesto en otro vehículo, y luego levado a una localización fuera de la ciudad de Mariopol. “Era un lugar extremadamente triste”, comentaba. Encerrado en una celda subterránea, podía ver en el suelo un gran charco de sangre que había sido barrido sin orden ni concierto. “No sé si allí mataron a un hombre o sólo lo golpearon salvajemente, pero era obvio que había perdido casi toda su sangre”.

Sin embargo, esto era sólo la cámara de retención antes de la cámara de tortura. Lo peor estaba aún por llegar. “Es terrible cuando atan tus manos, te ponen un saco sobre la cabeza y te tiran. Eso significa que te van a torturar. Eso es lo que me dijeron”. Fue llevado por el corredor hasta el “campo de tiro”. El hombre que lo conducía, a quien no podía ver a causa del saco de su cabeza, tenía acento ucraniano del oeste, más precisamente de la zona de Ternopyl.  “Si no nos dices lo que queremos saber, te llevaremos a los “voluntarios”, dijo. “No quieres ser un inválido para toda tu vida ¿verdad?. No quieres quedarte aquí para siempre, ¿verdad?”, le amenazaban.

“Estaba interesado en saber de dónde era yo”, dijo el padre Feofán. “Le dije que era del monasterio, etc. ‘Esa es la Iglesia Moscal (nombre despectivo para la gente de Moscú). ¿Qué están haciendo aquí, en tierra ucraniana?’. Le dije que la Iglesia había estado allí desde siglos pasados, cuando no había Ucrania, cuando formaba (parte) del gran imperio (ruso)”. Pero yo hablaba con él con sensatez, y él seguía con su perorata pro-occidental. Entonces vino otro, cuya voz era la misma que la del hombre que lo arrestó, diciendo: “¿Qué clase de hieromonje eres tú? ¡Hablabas por teléfono con separatistas!”. El hombre llegó a jactarse de su propia piedad. “He estado ayunando durante seis años hasta ahora. Rezo…”. De hecho, el padre Zósimo lo vio en una ocasión en la iglesia del monasterio, aunque no era local. La voz de este asistente a la iglesia que rezaba y ayunaba era la voz que el padre Feofán pronto escucharía como el que lo torturaría con sus manos.

La cámara de tortura tenía una apertura en el techo para poder observar. Ahora estaba en ella, esposado y con un saco en la cabeza. Las esposas eran en realidad más como sogas, que lo prevenían de cualquier movimiento circular de las manos. Cada vez que daba una respuesta que no gustaba a los interrogadores, lo golpeaban: primero en los riñones con un bastón, y luego en los brazos, piernas y el hígado. Cuando esto no daba el resultado deseado, los interrogadores lo tendían en el suelo, con las esposas en las muñecas, y lo ahogaban con agua, “como en Guantánamo”. Con un trapo en la cara, echaban agua sobre su nariz y boca desde un cubo hasta que comenzaba a convulsionar. Él piensa que aguantó una hora y media, pero dice que en aquel lugar, el tiempo es diferente. No había ventanas, e incuso no sabía si era de día o de noche. Podría haber sido más largo. Cuando comenzaban las convulsiones, le decían que “descansaría” hasta la mañana, y entonces escribiría su “testimonio”.

Lo llevaron a otra habitación donde habían conducido a otras dos personas y cuando estos vieron las condiciones en las que estaba el padre Feofán, se aterrorizaron. “No podía sentarme o tumbarme. Me faltaba el aliento. Comencé a tener alucinaciones”. Observando desde arriba, los torturadores le preguntaban qué pasaba y le acusaban de engañar con esas manifestaciones. Finalmente se tumbó sobre unas tablas y empezó a dormir. La habitación era fría, y él estaba mojado de pies a cabeza. Aquella noche fue llevado a escribir su “testimonio”. “Me forzaron a escribirlo todo”, admite. Tardó varias horas, porque cada vez que decía las cosas como realmente era, le decían que estaba mintiendo; echaron más agua sobre él e incluso le aplicaron electricidad.

Pero aparentemente, la terrible experiencia del padre Feofán no era nada comparado  a lo que les hicieron a los separatistas cuando eran apresados. Los otros prisioneros le dijeron que habían sido testigos de cómo estas personas eran torturadas. Sus brazos y piernas eran cortados cuando daban respuestas “equivocadas”. En el aeropuerto de Donetsk, donde el ejército ucraniano “voluntario” interrogaba a los prisioneros, los separatistas eran colgados por sus manos, que estaban atadas a sus espaldas. Cuando daban una respuesta equivocada, la soga era tirada con más fuerza. También le dijeron al padre Feofán cómo eran torturadas las mujeres en la celda donde estaba. “Se les ataba cables metálicos conectados a dispositivos eléctricos sobre el pecho y se les administraba una fuerte descarga hasta que llegaban a un terrible estado, y se veían obligadas a hablar”.

“Cuando los soldados ucranianos encontraban separatistas heridos en el campo de batalla, retorcían sus miembros rotos para hacerlos sufrir más… Como curiosidad, los médicos ucranianos se niegan a tratar a soldados separatistas heridos” (Aquí tenemos que decir que ha habido muchas informaciones en las noticias de cómo soldados ucranianos heridos han sido tratados por personal médico voluntario del este de Ucrania y Rusia, y luego han sido puestos en libertad). El padre Feofán vio a un combatiente que tenía metralla en la pierna, al que los médicos ucranianos habían rechazado extraérsela cuando habría sido posible hacerlo sin ninguna operación. A ellos no se les dan medicamentos. A los soldados heridos se les dice: “Estáis aquí, pero no existís”.

El padre Feofán pasa a contar cómo fue llevado a Kharkov, luego a Kramatorsk, donde comenzó la guerra. Las bombas explotaban por todas partes, y no sabía saldría vivo. Finalmente fue liberado en el punto de intercambio, y llevado a hablar con periodistas de Donetsk.

“Por supuesto, nos encontramos en una situación muy complicada”, explicó el padre Feofán cuando hablaba de las acusaciones formuladas contra él en su monasterio. “Estas son la clase de fuentes de las que reciben su información, y actúan en consecuencia… Nos llaman falsos, diciendo que sólo estamos vestidos de monjes. He estado sirviendo a Dios desde mi juventud, toda mi vida…”. Piensa que las autoridades están locas. “Es simplemente un asunto para los psiquiatras”.

El padre Feofán es sólo uno de los muchos sacerdotes que han sido secuestrados y golpeados o torturados durante el conflicto de Ucrania. Sinceramente esperamos que este y otros incidentes queden como constancia y sean investigados por Amnistía Internacional y otras organizaciones internacionales, no sólo para proteger a la gente de crímenes de guerra, sino para proteger a los criminales de guerra “que ayunan y rezan”, de sí mismos.

 

Fuente: 

Traducido por psaltir Nektario B.

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