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“No tenemos derecho a justificar la guerra con eslóganes religiosos”, Metropolita Onufre, primado de la Iglesia Ortodoxa Ucraniana

metropolita onufre

 

El metropolita de Kiev, Onufre, se dirigió con un mensaje a los obispos, sacerdotes y a todos los fieles de la Iglesia Ortodoxa de Ucrania (autónoma en el seno del Patriarcado de Moscú).

“Este año, la Iglesia Ortodoxa conmemora el milenio del martirio de los Santos Príncipes Boris y Gleb. ¿Por qué se venera a estos santos? ¿En qué se manifestó de forma tan clara y evidente su amor hacia Dios y el prójimo, y también a su patria? La respuesta es simple: con el deseo de preservar la paz y el amor fraterno en la tierra natal, y este mismo, con el precio de su propia vida. Tras la muerte del santo príncipe Vladimir, igual a los apóstoles, la Rus de Kiev podía hundirse en largos y sangrientos enfrentamientos. Para esto, habría bastado con que los santos príncipes Boris y Gleb manifestaran sus derechos al trono principesco, reunieran una tropa de príncipes y comenzaran una lucha armada con los otros hermanos para tomar el poder. Sin embargo, eligieron otra vía: la vía bendita de los pacificadores, que dieron su vida a fin de salvar la de los demás y preservar su patria, guardándola de la destrucción, de las luchas internas y del odio mutuo. Hoy, la desgracia ha alcanzado nuevamente a nuestra casa. Los enfrentamientos armados continúan en las regiones de Donetsk y Lugansk. Se prosigue una increíble guerra de información. La propaganda destruye las relaciones fraternas entre los pueblos y destruye incluso el parentesco de sangre. ¿Dónde buscar la salvación? ¿Cómo superar las dificultades y la discordia, mientras que la semilla del odio y de las luchas internas extendidas en abundancia entre hermanos han producido pústulas sangrantes? La sangre vertida en nuestra tierra durante este último año, clama al cielo. Sólo el Señor misericordioso está en posesión de librar de toda desgracia a los que Le son fieles. Sólo “Dios es para nosotros refugio y fortaleza; mucho ha probado ser nuestro auxiliador en las tribulaciones” (Salmos 45:2). Dice el Señor: “Convertíos a Mí, y seréis salvos” (Isaías 45:22). Abandonando la maldad y el odio, que cada uno ame a su prójimo: “Lavaos, purificaos; quitad de ante mis ojos la maldad de vuestras obras; cesad de obrar mal. Aprender a hacer el bien, buscad lo justo” (Isaías 1:16-17). En estos tiempos difíciles, me dirijo a todos mis hermanos en la fe con una llamada a recordar siempre la responsabilidad ante el futuro de nuestra santa Iglesia de nuestra patria, Ucrania. Debemos hacer todo lo posible para que cese la guerra y se establezca la paz tan deseada en nuestro estado. Todas las llamadas a la lucha armada y al odio son inadmisibles por parte del cero. En ningún caso se tiene derecho a justificar la guerra con eslóganes religiosos. Llamo a todos los ortodoxos que se encuentran hoy en los diferentes bandos del conflicto armado, a mirar a los otros hermanos, y a dirigirse al camino de la reconciliación. En medio de la llama ardiente de las pasiones de este mundo, la Iglesia está llamada a ser el lugar donde reine la paz, la caridad, la penitencia y el perdón para todos. Estremecemos de terror y de dolor cuando vemos los sufrimientos del pueblo de Dios. La muerte abrupta borra todas las diferencias entre los vivos. En las tumbas, no hay ni hombres de derecha, ni de izquierda. En las tumbas descansan hoy los hijos de nuestra Iglesia, tanto en el este, como en el centro, o en el oeste de Ucrania. Si no detenemos la guerra en nuestros corazones, estallará en el exterior. En estos días, el Señor nos da la posibilidad de probar nuestra fe y nuestro apego a la enseñanza de Cristo. Estoy convencido de que sólo en el servicio de la paz y el amor que todo lo perdona, es donde encontraremos la fuerza para el rápido renacimiento de nuestra patria bajo la protección de la Santa Iglesia Ortodoxa. Llamo a todos los fieles de la Iglesia Ortodoxa de Ucrania a la oración a nuestro Señor Jesús Cristo, a Su Santísima y Purísima Madre, a los santos Boris y Gleb y a todos los santos que han brillado en nuestra tierra. Roguemos a Dios a fin de que nos ayude a razonar y que haga crecer el amor en nuestros corazones. ¡Que la gracia de nuestro Señor Jesús Cristo esté con todos nosotros!”.

 

Fuente:  

Traducido por psaltir Nektario B.

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